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Gestación y lactancia

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Introducción

La gestación y la lactación requieren adaptaciones fisiológicas que permitan el desarrollo de un nuevo ser.

La alimentación de la madre durante estas etapas va a condicionar el crecimiento de los fetos, que llegan a doblar su peso en el útero en tan sólo seis semanas y en cuatro a cinco meses después del nacimiento.

Este rápido crecimiento depende del aporte de grandes cantidades de nutrientes a través de la placenta y de la leche materna y de la utilización de los mismos.

Ingestas recomendadas durante la gestación

Aunque los ajustes digestivos y metabólicos permiten una utilización mayor de nutrientes, la gestación requiere un aporte mayor de ellos.

Esta necesidad se genera desde el comienzo ya que la mayor diferenciación celular y organogénesis embrionaria se produce durante el primer trimestre coincidiendo con la etapa anabólica del metabolismo materno.

Si el aporte de nutrientes de la madre no es el adecuado, se movilizarán sus reservas para cubrir las demandas fetales, este hecho producirá una alteración en su estado nutricional.

Energía

La gestante necesita una energía adicional (250-300 kcal) sobre las ingestas recomendadas para el crecimiento del feto, la placenta y los tejidos maternos.

El metabolismo basal va a aumentar ya que incrementa el tejido activo, las hormonas tiroideas, el trabajo cardiovascular y respiratorio y se sintetizan tejidos.

Si la actividad física es muy alta, conviene reducirla algo pero sin abandonar hábitos saludables como andar, siempre que no esté desaconsejado porque sea necesario guardar reposo.

Proteínas

Las recomendaciones aumentan ya que las necesidades son mayores porque la mayor parte de las proteínas de los alimentos van a invertirse en la síntesis de nuevos tejidos de la madre y el feto.

El método utilizado para calcular estas necesidades se basa en un análisis factorial en función del contenido de proteínas de placenta, feto y tejidos maternos.

Además, hay que tener en cuenta que la calidad proteica debe ser alta y equilibrada entre proteínas animales y vegetales asegurándose el aporte de aminoácidos esenciales en la proporción adecuada.

Lípidos

Su función es energética y plástica. Al igual que en la no gestante, deben aportar entre el 30-35% del valor energético total, pero la embarazada debe cuidar especialmente el tipo de grasa que consume.

Este hecho está condicionado por la necesidad de aportar ácidos grasos esenciales al feto, que experimenta un gran desarrollo celular en todos los tejidos, entre los que debemos destacar el cerebro.

La mayor parte del desarrollo del sistema nervioso tiene lugar durante la vida fetal y el primer año de vida y su estructura es fundamental para todo el aprendizaje.

La dieta de la gestante debe contener ácidos grasos esenciales destacando el linoleico y ácidos grasos insaturados de cadena larga precursores para la síntesis de prostaglandinas y leucotrienos. Los alimentos que contienen fundamentalmente estos ácidos son los pescados azules.

Minerales

– Calcio

El recién nacido tiene aproximadamente 30 g de calcio corporal. Este calcio se deposita principalmente durante el tercer trimestre de la gestación y para ello es necesario movilizarlo a partir del calcio que la madre ha depositado en el hueso desde el comienzo de la gestación.

Las adaptaciones metabólicas y endocrinas facilitan la absorción y el depósito de calcio desde los primeros meses y es necesario un incremento en el aporte de la dieta (leche, queso, yogur, leguminosas) para evitar la desmineralización ósea y dental de la madre.

– Fósforo

Se recomienda el mismo suplemento que para el calcio, aunque este mineral no presenta déficit en la dieta ya que se encuentra en casi todos los alimentos.

– Magnesio

El suplemento diario es suficiente para permitir el depósito de 1 g de magnesio en el recién nacido.

– Hierro

La deficiencia de hierro es el problema nutricional más extendido ya que aproximadamente la padece entre el 10-20% de la población, sobre todo en países desarrollados.

Las mujeres embarazadas y en edad fértil son los grupos de alto riesgo ya que las reservas suelen estar disminuidas en una de cada cuatro e iniciar el embarazo en estas circunstancias supone un riesgo de prematuriedad, aumento de morbilidad y mortalidad feto-materna.

Las necesidades de hierro están aumentadas durante la gestación ya que hay que cubrir las altas demandas fetales, que desarrolla todo el sistema hemático, las de la placenta y las de la propia madre.

Los aportes de hierro deben realizarse con la alimentación (carne y pescados, frutas y legumbres), pero dadas las dificultades que tiene su absorción hay que recurrir con frecuencia a suplementos férricos dietético-medicamentosos que permitan aportar formas de hierro más biodisponibles.

Estos suplementos deben aportarse a mujeres con riesgo real ya que un exceso puede provocar alteraciones gastrointestinales, interferencia con la absorción de otros minerales, etc.

– Cinc

Este mineral es esencial desde los primeros momentos por su participación en la organogénesis y debe incrementarse su consumo desde el inicio de la gestación.

– Yodo

Para prevenir el hipotiroidismo en la mujer gestante que puede alcanzar hasta un 50% en zonas de deficiencia endémica hay que incrementar un 47% la ingesta de yodo. Los efectos de una situación hipotiroidea sería abortos, mortalidad neonatal, anormalidades congénitas, bocio, cretinismo, afectación mental, etc.

Vitaminas

– Vitamina A

Es fundamental para el crecimiento, la diferenciación celular y el normal desarrollo del feto. El incremento recomendado es suficiente para satisfacer estas demandas y hay que tener cuidado con superar dichas cantidades ya que la vitamina A en exceso tiene efecto teratogénico.

Las ingestas recomendadas de las otras vitaminas liposolubles D, E y K es igual en la gestante que en la mujer no gestante.

– Vitamina C

Se incrementa en 10 mg para evitar las pérdidas del pool corporal materno durante la gestación.

– Vitamina B1 y B2

El incremento recomendado cubre las necesidades incluso con el aumento de la ingesta energética.

– Niacina

Las cantidades aconsejadas se pueden cubrir con la dieta; además se puede sintetizar niacina a partir de triptófano.

– Vitamina B6

El aumento de 0,6 mg es suficiente para la cantidad extra de proteína.

– Ácido fólico

El incremento del 50% es aconsejado para cubrir las demandas de la síntesis de ADN y mantener los depósitos maternos de folato.

El aporte debe realizarse adecuadamente antes del embarazo para asegurar niveles maternos óptimos ya que el período crítico para el cierre del tubo neural es durante los primeros 28 días de gestación.

– Vitamina B12

El incremento es suficiente para atender las demandas fetales.

Para cubrir las recomendaciones de vitaminas y minerales es necesario que la dieta sea equilibrada y, por lo tanto, variada, conteniendo todos los grupos de alimentos.

En numerosas ocasiones hay que recomendar suplementos vitamínicos y minerales si con la dieta no es suficiente para cubrir los requerimientos ya que los hábitos alimenticios son muy diversos en la población.

Ingestas recomendadas durante la lactación

La secreción láctea para la mujer representa un gran estrés fisiológico que en términos nutricionales supera incluso al propio embarazo. Para asegurarla debe existir un adecuado ingreso calórico, proteico, vitamínico, mineral e hídrico.

Energía

Los requerimientos energéticos para la lactancia son proporcionales a la cantidad de leche producida. La producción láctea media durante el primer semestre es de 750 ml/día y de 600 ml/día durante el segundo semestre.

Si tenemos en cuenta que el contenido energético de la leche humana es de 70 kcal/100 ml y que la eficacia metabólica materna para producir energía láctea a partir de los alimentos es del 80% aproximadamente, la cantidad de energía a suministrar será de 85 kcal por cada 100 ml de leche producida.

Teniendo en cuenta las producciones antes comentadas de 750 ml/día y 600 ml/día, la cantidad de energía necesaria para producirla es de 640 kcal/día en el primer semestre y 510 kcal/día en el segundo semestre.

Como la cantidad de ingesta energética recomendada extra es de 500 kcal, que es menor que los valores antes mencionados, hay una diferencia que no se va a cubrir con la dieta, sino movilizando los depósitos adiposos aumentados durante la gestación.

Tales reservas, aproximadamente 2-3 kg en mujeres que ganan entre 11-12 kg durante el embarazo, son utilizadas por lo general en los primeros meses de lactancia.

Estos depósitos suelen aportar alrededor de 100-150 kcal/día durante el primer semestre de la lactancia, por lo que se considera que con un suplemento medio de 500 kcal/día durante la lactancia se suministra la energía necesaria, lo que permitiría el reajuste de los depósitos de grasa maternos al terminar el período de lactancia.

En todo caso, conviene siempre individualizar el aporte energético ya que en aquellas mujeres cuyo incremento de peso durante el embarazo sea bajo y en aquéllas cuyo peso durante la lactancia sea menor al normal, se recomienda que en el primer trimestre el suplemento sea de 650 kcal/día.

Como la ganancia de peso durante la gestación no ha sido suficiente en la madre de nuestro caso, se debería mantener esta recomendación.

Proteínas

Existe un aumento de las necesidades de proteínas durante la lactancia que es proporcional a las pérdidas de éstas en la leche materna.

Considerando que un 70% de la proteína de la dieta se convierte en proteína de la leche, se sugiere un aporte suplementario de proteínas de 15 g durante los seis primeros meses de lactancia y de 12 en el segundo semestre en la población estadounidense y de 25 g con respecto a la mujer no lactante para la mujer española.

Vitaminas

– Vitamina A

A diferencia de lo que ocurría en la gestación, en la lactación las ingestas recomendadas de vitamina A son más elevadas que en mujeres no lactantes, lo que obliga a introducir en la dieta alimentaria.

La cantidad de vitamina A en la leche humana es de 0,4-0,7 μg de retinol/ml. Si consideramos que la producción de leche humana diaria es de 750 ml, la secreción de esta vitamina al día será de 300-525 μg. Para mantener la reserva hepática de la madre y proporcionarle un margen de seguridad, se recomienda un aumento diario de 600 μg para las RDA americanas y de 500 μg en las españolas.

– Vitamina E

Si se tiene en cuenta que la concentración de tocoferol en la leche humana es de 3,2 mg/L, estableciendo un margen de seguridad del 12,5% de aumento y en razón de una incompleta absorción de la vitamina, la ingesta recomendada de suplementación es de 4 mg/día en las RDA americanas y de 5 mg en las españolas.

– Vitamina C

Considerando una concentración mínima en la leche humana de 3 mg/100ml, con una variación en la producción de leche del 25% sobre los signos manejados de 750 ml y 600 ml, así como una eficacia de absorción digestiva del 85%, las cantidades recomendadas como suplemento son de 45 mg en las mujeres americanas y de 25 mg en las españolas.

– Ácido fólico

En función de las concentraciones lácteas de folato, un coeficiente de variación del volumen de leche secretada del 12,5% y un 50% de absorción digestiva del folato alimentario, las ingestas recomendadas en lactación deben ser 100 mg superiores a los de la mujer no lactante.

Minerales

– Hierro

Las pérdidas de hierro por la lactación son escasas, incluso inferiores a las producidas por la menstruación. Además, durante la lactancia aparece en muchas mujeres una amenorrea por lo que no existen esas pérdidas asociadas. No se recomienda, por lo tanto, ninguna suplementación de hierro durante la lactancia.

– Cinc

La concentración media de cinc puede estar alrededor de 1,5 mg/L y 1mg/L en la leche secretada en el primero y segundo semestre de lactación.

Asumiendo un coeficiente de absorción del 20% y un coeficiente de variación en la producción de leche de un 12,5%, las ingestas recomendadas adicionales ascienden a 4 mg con respecto a la no lactante en las Raciones Dietéticas Recomendadas (RDA) americanas y de 10 mg en las ingestas recomendadas españolas.

Las principales fuentes de cinc en nuestra dieta son la carne, el pescado y los huevos, mientras que en los cereales, aunque tienen un elevado contenido, la absorción es más deficiente.

– Yodo

El suplemento de yodo está en torno a los 140 μg/día por encima de las cantidades habituales. Se basa en las necesidades del lactante y no en las pérdidas ocasionadas por la lactancia.

– Selenio

El contenido de selenio en la leche materna está en torno a 15-20 μg/día. Durante la lactancia se produce una pérdida diaria de unos 13 μg en una secreción de 750-800 ml.

En función de variaciones en la producción de leche y un coeficiente de absorción del 80%, se recomienda una suplementación de 15 μg/día durante la lactación, pero hay que mantener un nivel satisfactorio de selenio en la leche y evitar la deplección de depósitos maternos.

La fuente principal de selenio en nuestro mundo es el pescado y los mariscos, así como las vísceras, especialmente hígado y riñones. Las carnes, verduras y frutas son pobres en este mineral.

Recomendaciones generales

Es aconsejable que durante la fase de lactación la mujer ingiera alimentos ricos en vitaminas hidrosolubles (verduras, hortalizas, frutas) ya que su contenido en la leche depende de la toma de alimentos ricos en ellas.

Asimismo, se recomienda beber 1 litro de leche al día (por su riqueza especialmente en calcio y proteínas) o ingerir derivados lácteos, también beber cantidades suficientes de agua y líquidos.

Aunque un aumento de la ingesta líquida no incrementa el volumen de leche producida, los líquidos adicionados son necesarios para poder garantizar un correcto balance hídrico en la madre, por eso cuando la sensación de sed aparezca la madre lactante debe beber.

Algunos alimentos pueden afectar a las cualidades organolépticas y digestivas de la leche, como alcachofas, coles, rábanos, ajos, cebollas y especias picantes o irritantes (pimienta, pimentón, mostaza, etc.).

A veces estos alimentos pueden transmitir un sabor fuerte a la leche y ser rechazada por el niño, incluso alguno de ellos pueden desencadenarle dolores cólicos. En cuanto a las técnicas culinarias, se pueden utilizar todas, aunque se deben usar con moderación las que incorporen mucha grasa para que las comidas resulten de fácil digestión.

La cafeína pasa a la leche y produce irritabilidad en el niño.
Los niveles de alcohol en la leche son semejantes a los del plasma.

En cantidades elevadas inhibe la secreción láctea y resulta tóxico para el niño. Su consumo en pequeñas cantidades y ocasionalmente es inocuo, aunque es aconsejable no tomar alcohol dos horas antes de cada tetada. La nicotina del tabaco pasa a la leche e inhibe la secreción láctea.

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